Estimadas compañeras:

Estándar

 

Con motivo de la celebración del día internacional de la mujer

trabajadora —todas las mujeres trabajan mucho, vayan o no a la

fábrica, a la oficina, a la escuela, o al sindicato…—, os quiero felicitar

por el evento. Y, asimismo, manifestaros que muchos varones

estamos convencidos de que el mundo será más justo, más

equitativo, más igual, cuando vosotras alcancéis el lugar que en esta

sociedad os pertenece por derecho propio. Cierto es que el camino

hasta la meta —la meta es el camino— estará jalonado de vericuetos

difíciles, discriminación en el trabajo, racismos, malos tratos, abusos

sexuales, terrorismo de género…, pero no es menos cierto que todas

las dificultades se superan cuando el objetivo que se persigue es la

libertad.

Hace cincuenta años, las autoridades de este país diseñaron para

las mujeres un modelo educativo basado en la desigualdad, en la

sumisión y en el sometimiento. Aquellas premisas educativas —

vistas hoy— parece que estuvieran sacadas de la noche de los

tiempos. Pero cincuenta años no son nada en el devenir humano.

Aquellos polvos trajeron gran parte de los lodos que esta sociedad

machista arrastra y que se empeña en perpetuar porque algunas

mujeres no se resignaron a seguir la consigna del ominoso texto que

tenéis en la página siguiente (Archivo Biblioteca Nacional).

Poco a poco, contra viento y marea, fueron logrando cotas de

libertad. En la esfera pública, se hicieron milicianas de la cultura, de

la fábrica, de los hospitales, de la escuela… Y en el ámbito privado,

cambiaron los sempiternos lutos por vestidos de colores; guardaron

el velo eclesial, se soltaron el pelo y lo dejaron libre para que lo

moviera el viento; convirtieron los guardapieses de sus madres en

falditas plisadas, que no les llegaban a las rodillas, y se fueron al

baile a mover los brazos para sacudirse de encima las canciones

diseñadas para después de una guerra… En fin, pequeñas cosas —las

cosas pequeñas hacen las historias grandes—que por separado no

dicen casi nada, pero que todas juntas han fructificado en mayores

cotas de igualdad…

Por eso, hoy, hacemos votos para que vosotras continuéis la estela

de aquellas luchadoras que se negaron a ser educadas bajo las

banderías de la sumisión y el acatamiento.

¡No claudiquéis, otro mundo es posible!

Salud y feliz día. Ángel Prieto

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